lunes, 10 de noviembre de 2014

Conflictos universales


Cuando pensamos en el futuro de un adolescente le deseamos una buena salud, una vida feliz y que se empeñe con dignidad en un mundo exigente, en un mundo adverso que condicionará su felicidad. Pero, ¿qué pasa por la mente de un joven inteligente para tomar una decisión drástica en plena efervescencia de vida y dar al traste con todos sus proyectos personales y los anhelos familiares? ¿Qué ha podido suceder en ese aprendizaje para que un chaval universitario ponga fin a una vida prometedora? Por estas preguntas tan existencialistas y nada extrañas transita la última novela de Gonzalo Garrido (Bilbao, 1963). Con El patio inglés (Alrevés, 2014), el escritor vasco viene a contarnos una historia íntima sobre el desencanto de la vida y el dolor, un cambio de registro con respecto a su primera incursión narrativa, Las flores de Baudelaire (2012), por cierto, excelente debut en el género policíaco acompañado de buena crítica y aceptación por parte de los lectores.

Desde el arranque de El patio inglés, Garrido no se demora en situarnos en la sala de espera de un hospital donde un hombre abatido aguarda noticias, mientras en el interior del quirófano los médicos se desviven por salvar la vida de su hijo Pablo, un joven de dieciocho años que se ha tirado por la ventana de la vivienda familiar desde la tercera planta ante la mirada aterrada e incrédula de sus padres. En estas horas de incertidumbres, el padre, sobrecogido por las circunstancias, se dirige a su hijo en un monólogo denso y desolador con el que trata de buscar alguna explicación a ese acto de rebeldía convertido en fatalidad. En esa conversación íntima, el padre habla en una frecuencia baja y contenida, sin puntos y mayúsculas a modo de autocompasión y sentimiento de culpa. De Pablo, el hijo, conocemos lo que nos narra el padre y lo que revelan las páginas de su diario que aparece intercalado en los capítulos de la novela, un diario por donde desnuda sus sentimientos más íntimos, sus creencias y sus miedos, sus obsesiones y el desprecio por toda la mediocridad que representan sus padres.

El patio inglés está estructurado en esa bifurcación: dos monólogos, padre e hijo, que cuentan una historia familiar difícil, en un momento dramático en el que la voz del padre se pregunta qué ha pasado y qué está pasando en su familia y en la sociedad. Gonzalo Garrido traza, a modo de metáfora, la relación del destino final de un joven con la paradoja de la angustia de vivir en una sociedad nada fácil; un joven que comenzó a estudiar Derecho en los años 80 y que se enfrenta a esa época de formación hacia la madurez llena de decepciones e interrogantes, un período en el que la familia, el desamor y la apatía marcan sus huellas a los jóvenes, sobre todo en su entorno, mientras despiertan al mundo real de adultos que les rodea. Pablo salta al patio inglés y es, a partir de ese acto irreparable al vacío, cuando el padre deja fluir sus reflexiones y se desparrama en un diálogo con su hijo, un diálogo que, desgraciadamente, jamás se dio.

Gonzalo Garrido ha escrito un libro conmovedor que abraza y golpea la difícil condición de ejercer de padre, en un intento de comprender la relación más compleja que cabe entre dos personas. El patio inglés es un relato breve y profundo que retrata a un padre y a un hijo a través del diálogo de vida en el que casi nada se calla y en el que, por eso, aparece la vida tal como es: con sus tristezas y encrucijadas, pero, aún más, con la infamia de la tragedia.

El patio inglés es una historia reflexiva y personal, encarnada en dos vidas cercanas pero distantes, condenadas a no entenderse, dos diálogos imposibles reunidos en una novela dura y desgarradora, pero a su vez clara y sincera, que protagonizan dos seres cuyas vidas coinciden únicamente en el techo del hogar y sus lazos sanguíneos.

En suma, la novela de Garrido es una crónica narrativa intimista que goza de dos de los parabienes que más gustan a los lectores exigentes: cala muy dentro y está escrita con una prosa ágil y sin artificio.