miércoles, 1 de marzo de 2017

Identidad e impostura

Hay escritores que destilan literatura a raudales, no solo por sus libros y su apariencia física, sino hasta por la manera de vivir y sentir su propia existencia, que se desdoblan en un yo físico y en un yo metafórico, formado de palabras, de frases y de citas escritas a lo largo de los tiempos por otros escritores. Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es uno de ellos, un hombre libro, literato, egregio y gran embaucador que transita liviano por el mundo de las letras con la única ambición de escribir siempre y no dejar de hacerlo, que sabe que escribir significa detenerse, demorarse, deshacer, repetir, que escribe para escribir, no para haber escrito y publicado.

De sus libros se dice que son metaliterarios, vanguardistas, conceptuales, ensayísticos, y también se destaca el sentido del humor y la ironía sutil que los atraviesa. El lector que conoce su obra comprueba que esta singularidad forma parte del juego literario a que nos ha ido acostumbrando a lo largo de la treintena de libros publicados hasta el momento en su dilatada carrera, mezcla de ficción y realidad, de ensayo y novela. La herencia surrealista también es una constante en todos sus libros. En Kassel no invita a la lógica (2014) y en Marienbad eléctrico (2016), sus libros más recientes, se aprecia que ese surrealismo empleado tiene incluso mayor visibilidad.

Ahora en Mac y su contratiempo (Seix Barral, 2017), su nuevo libro, encontramos al Vila-Matas más en estado puro, con una novela travestida de esa esencia literaria tan propia suya, basada en la poética de la creatividad, las relaciones dentro del binomio realidad-ficción y el conflicto entre identidad e impostura. Esta entrega literaria tiene mucho que ver con la creación desde la relectura y la reescritura, dos ejercicios combinatorios para rescatar y tejer la historia de su personaje, Mac, gran lector de poesía y entusiasta de los cuentos, pero que nunca simpatizó con la novela, aunque no le importaría embarcarse, a su manera, en una y desaparecer incluso antes de terminarla. Mac encuentra un atisbo para ello y se propone reescribir Walter y su contratiempo, una de las novelas olvidadas de su vecino Ánder Sánchez, un afamado escritor que goza de mucho prestigio. Curiosamente, la novela que trata de reescribir Mac se parece muchísimo a Una casa para siempre (1986), una de las primeras publicaciones del escritor barcelonés, una novela y libro de relatos a la vez, en donde Vila-Matas cuenta el drama de un ventrílocuo que tiene voz propia, ese don que es tan deseado y buscado por tantos escritores y que, por razones obvias para un ventrílocuo, se convierte en un verdadero contratiempo.

El protagonista, por tanto, después de un encuentro con Sánchez, que le anima a reescribir aquella novela fallida suya y, sobreponiéndose a su frágil situación de parado en edad tardía, se pone manos a la obra empezando a escribir un diario en el que lo primero que dice es que le entusiasma la idea de escribir un falso libro póstumo para hacerle una especie de requiebro a la muerte, como lo hizo antes Georges Perec con su obra 53 días. Conforme Mac empieza la reescritura de la novela, la literatura va invadiéndole por todos los resquicios de su vida, de manera superpuesta al hecho narrativo de lo que se lleva entre manos, de tal forma que el diario se transforma en un artefacto literario que alterna las vivencias del protagonista con el experimento literario de reescribir el relato de Walter. La reconstrucción de dicho manuscrito lo lleva por el barrio del Coyote por donde irán apareciendo personajes que se incrustan en el texto modificando el cauce de la redacción de su libro. Por ejemplo, en uno de los capítulos en marcha que lleva por título Carmen, el mismo nombre que su mujer, este personaje de ficción perteneciente al mundo de las vidas imaginarias de otros escritores, se incorpora a la trama entremezclado con la propia realidad y la inventiva del narrador. Aunque, según firma Mac: “La realidad no necesita que nadie la organice en forma de trama, es por sí misma una fascinante e incesante Central creativa. Pero hay días en que la realidad da la espalda a esa Central sin rumbo que es la vida y trata de darle un aire de novela a lo que pasa”.

Mac y su contratiempo es una auténtica mina literaria rebosante de inteligencia y humor por donde deambulan muchas citas y confluencias artísticas de la historia de la literatura universal, un libro transversal sobre la creatividad y el oficio de escribir, un ensayo novelístico en el que se afirma que el escritor a la vez modifica y repite historias infatigablemente, más allá de preferir lo contrario. Al temor a repetirse, decía Isak Dinesen, siempre puede oponerse la alegría de saber que avanzas en compañía de las historias del pasado. Esto es algo que maneja Vila-Matas como pocos, el encadenamiento con el pasado escrito por otros es consustancial a su materia narrativa.

Perder la voz propia puede significar nacer de nuevo a la literatura comenzando a hablar como un ventrílocuo, con varias voces que, a la vez, son varias identidades y que proporcionan el camuflaje de una verdad oculta o de otra invención de la realidad. De esto trata este sorprendente libro: de la creatividad como diversión, de la invención literaria y sus trasvases.


Toda historia de la literatura se ciñe a modificar algo ya escrito, viene a decirnos Vila-Matas. Mac y su contratiempo recoge ese espíritu valiéndose además del resorte inapelable de que la vida es un mestizaje de identidad e impostura y la literatura más de lo mismo.

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